—¿Y sabéis, mal aconsejada dueña, el castigo que tiene el impostor?
—Es la verdad, señor, y por lo mismo permanezco tranquila.
—¿Sabéis que si os faltan pruebas o un caballero que sostenga vuestra acusación, seréis puesta en tormento por calumniadora?
—¡Ah!...
—A tiempo estáis; si os desdecís..
—¡Jamás! —repuso la desconocida interrumpiendo al rey.
—En ese caso, presentad las pruebas de vuestra acusación.
La tapada guardó silencio.
—Bien está: tres días se os dan de término. Faraute, cumplid con vuestro deber.
Adelantose uno según la usanza de aquel tiempo, y dijo tres veces la acusación formulada contra el conde de Haro. Después añadió: