Concluido que hubo don Juan el reto, arrojó a los pies del conde de Haro su manopla. Don Lope se apresuró a cogerla, diciendo al mismo tiempo:
—No obstante ser falso el delito que se me imputa, acepto gustoso, porque de este modo verán todos mi inocencia, el desafío de don Juan Alonso Carvajal.
Autorizó el rey el desafío, según era costumbre entonces, declarando traidor y digno de muerte al que en la lid saliere vencido.
Toda la corte se puso en movimiento después que don Fernando bajó del trono.
El justicia mayor se acercó al rey y le dijo:
—¿Qué hacemos de la acusadora, señor?
—Ah, tenéis razón. ¿Aben-Ahlamar?
—Señor —contestó el judío presentándose al monarca.
—Encargaos de la desconocida hasta que yo fije el día del combate.
El sabio médico inclinose en señal de obediencia y dirigiéndose a la encubierta dama: