—¡Oh, oh, hasta el nombre!...
—Su corazón, don Fernando, es tan puro como el de un ángel.
—¡Sí, tanto mejor, Aben-Ahlamar, tanto mejor! ¿Ese será un nuevo motivo para que yo... pudiera verla?
—Señor...
—Mirad que la amo frenéticamente, mirad...
—¡A una gitana! —exclamó el judío con gozo y aparentando sorpresa.
—¡Gitana decís!
—Con efecto.
—¡Eh, qué me importa si es hermosa!
—Pero ¿es cierto que amáis a la sobrina de un judío?