—Si tenéis en el lado derecho de la frente, sobre la línea de la luna, alguna figura en semejanza de horquilla, temed el estar ociosos o el entregaros demasiado a los placeres.

Un signo pequeño, aunque muy importante, que es la figura árabe del número 3, sobre la línea del sol anuncia azotes...

Un negro viejo español de Santo Domingo interrumpió al obí, acercándose a él implorando socorro. Estaba herido en la frente, y uno de sus ojos, arrancado de la órbita, le colgaba chorreando sangre. El obí le había dejado olvidado en su revista médica, y al momento que le vió, dijo:

—Figuras redondas en la región derecha de la frente, sobre la línea de la luna, indican dolencias en los ojos. Hombre, ese signo está muy visible en tu frente; a ver, dame la mano.

—¡Ay, excelentísimo señor!—replicó el herido—. Mire usted mi ojo.

—¡Vejancón![17]—respondió de mal humor el obí—, ¿qué necesidad tengo yo de verte los ojos? Daca la mano, digo.

El desdichado alargó la mano, repitiendo siempre en voz baja:

—¡Ay, mi ojo!

—Bueno—dijo el zahorí—. Si en la línea de la vida se descubre un punto rodeado de un círculo pequeño y de color negro, se quedará tuerta la persona, porque este signo anuncia la pérdida de un ojo. Eso es: aquí, aquí está el punto, y el círculo, y serás tuerto.

—¡Ya lo soy!—respondió el vejancón gimiendo en tono lastimero.