D. Carlos.—Sí quiero. (Examinándolo más.) ¿Será acaso la covacha de la escoba en cuyo mango cabalga esta bruja? (Se introduce difícilmente.) ¡Uf!
D.ª Josefa (Juntando las manos con escándalo.)—¡Un hombre aquí!
D. Carlos.—¿Es por ventura mujer el galán que espera tu ama?
D.ª Josefa.—¡Oh Dios! Oigo sus pasos. Señor, cerrad pronto la puerta. (La empuja y queda cerrada.)
D. Carlos.—Si decís una palabra, sois muerta.
D.ª Josefa.—¿Quién es este hombre? ¡Jesús, Dios mío! Voy á llamar... ¿Y á quién, si todos duermen en la casa, excepto las dos? En fin, esto le atañe á ella y á él que tiene buena espada; á mí... guárdeme Dios de todo mal. (Pesando el bolsillo.) Al cabo no es ningún ladrón. (Oculta el bolsillo al entrar doña Sol.)
ESCENA II
DOÑA JOSEFA, DON CARLOS, oculto, DOÑA SOL, luégo HERNANI
D.ª Sol.—¿Josefa?
D.ª Josefa.—Señora mía.