Hernani.—¡Ella! ¡En qué momento!

D.ª Sol.—¿Qué tiene? ¡Se espanta de mí y vacila á mi voz! ¿Qué tienes en la mano? ¡Horrible sospecha! ¿Qué tienes en la mano? Contesta. (El encubierto se quita el antifaz. Sol reconoce á don Ruy Gómez y da un grito.) ¡Veneno!

Hernani.—¡Gran Dios!

D.ª Sol.—¿Qué te he hecho yo? ¡Qué horrible misterio! Me engañabas, don Juan.

Hernani.—¡Ah! He debido ocultártelo. Había jurado morir al duque á quien debí mi salvación un día: Aragón debe pagar esta deuda á Silva.

D.ª Sol.—Pero tú no te perteneces, tú eres mío. ¿Qué me importan á mí los demás juramentos? Duque, el amor me hace fuerte y contra vos y contra el mundo entero sabré defenderlo.

D. Ruy.—Defiéndelo, si puedes, contra un sagrado juramento.

D.ª Sol.—¿Cuál?

Hernani.—Sí, juré...