D.ª Sol (Reteniéndole aún el brazo.)—Comprended que tengo mil cosas que decir.
D. Ruy.—¡Acabemos!
D.ª Sol.—Don Juan, en cuanto haya hablado, puedes hacer lo que tengas á bien. (Le arrebata el pomo.) ¡Mío, mío es ya! (Lo presenta á vista de los dos sorprendidos.)
D. Ruy.—Puesto que he de habérmelas aquí con dos mujeres, don Juan, preciso es que vaya á otra parte á buscar almas. Tú te atreves á jurar por la memoria de tu padre y no cumples; yo voy á hablar de ello á tu padre entre los muertos. Adiós.
(Da algunos pasos y Hernani lo detiene. Á Sol.)
Hernani.—Deteneos, duque, deteneos. (Á Sol.) ¡Ah! ¿Quieres que sea pérfido, perjuro, sacrílego? ¿Quieres que lleve por el mundo escrito el crimen en mi frente? ¡Ah! Por piedad, devuélveme ese pomo. ¡Por nuestro amor, por nuestra alma inmortal!
D.ª Sol.—¡Insistís!
Hernani.—Sí.
D.ª Sol.—Bien. (Bebe.) Tómalo.
D. Ruy.—¡Ah! Era para ella.