D.ª Sol (Ofreciendo el pomo á Hernani.)—Tómalo ahora, te digo.
Hernani.—¿Ves, viejo miserable?
D.ª Sol.—No te quejes de mí: te guardo tu parte.
Hernani (Tomando el pomo.)—¡Oh Dios!
D.ª Sol.—Tú no me hubieras guardado la mía. ¡Oh! no tienes tú el corazón de una esposa cristiana, ni sabes amar como ama una Silva. Pero he bebido primero y estoy tranquila. Ahora tú, si quieres.
Hernani.—¿Qué has hecho, desdichada?
D.ª Sol.—Tú lo has querido.
Hernani.—¡Muerte espantosa!
D.ª Sol.—No. ¿Por qué?
Hernani.—Ese licor lleva al sepulcro.