D.ª Sol.—He aquí nuestra noche de bodas. He de estar muy pálida para novia.

Hernani.—¡Ah!

D. Ruy.—La fatalidad se cumple.

Hernani.—¡Qué desesperación! ¡Verla yo morir en este tormento!

D.ª Sol.—Cálmate: me siento mejor. Ahora mismo vamos á abrir nuestras alas hacia nuevos iluminados espacios. Partamos con vuelo igual á un mundo mejor. ¡Un beso! ¡Sólo uno!

D. Ruy.—¡Oh dolor!

Hernani (Con voz débil.)—¡Bendito sea el cielo que me dió una vida rodeada de abismos y seguida de espectros; pero que me permitió dormirme, cansado de tan rudo camino, besando tu mano!

D. Ruy.—¡Cuán felices son!

Hernani (Desfalleciendo.)—Ven... ven... Sol de mi alma. ¡Qué oscuro está todo!... ¿Padeces mucho?

D.ª Sol (Con voz igualmente desfallecida.)—Nada... nada ya.