El Rey.—¿Y á mí qué...?

(Va al fondo á hablar con otras damas que pasan.)

Triboulet (á Gordes).—Va á enojar á Diana de Poitiers, á quien no habla hace ocho días.

Gordes.—¿Si irá á enviársela á su marido?

Triboulet.—Creo que no.

Gordes.—Ha pagado el perdón de su padre y en paz.

Triboulet.—Á propósito de Saint-Vallier. ¿Qué capricho tuvo ese viejo estrafalario de casar á su hija Diana, tan hermosa y angelical, con un senescal jorobado?

Gordes.—Es un loco. Me hallé en el mismo cadalso, cuando recibió el perdón; estaba más cerca de él que de ti ahora, y no le oí decir más que estas palabras. «¡Dios guarde al rey!» Es loco de remate.

El Rey (pasando con la de Cossé).—¡Cruel! ¿Os vais?

Mad. de Cossé (suspirando).—Á Soissons, adonde me lleva mi esposo.