El Rey (con entusiasmo).—¡Ah! Rimar para las hermosas exalta el corazón. He de poner alas á mi torreón real.
Triboulet.—Sería convertirle en molino de viento.
El Rey.—Si no viera allí á M.me de Coislin, te mandaba azotar.
(Corre hacia la de Coislin á quien dirige algunas galanterías.)
Triboulet (aparte).—Sigue, sigue el viento que te lleva hacia esa también.
Gordes (acercándose á Triboulet y haciéndole notar lo que pasa en el fondo).—Mira en la otra puerta á la de Cossé. Apuesto lo que quieras á que va á dejar caer un guante para que el rey lo recoja.
Triboulet.—Estemos á la mira.
(M.me de Cossé, que ve con despecho las atenciones del rey á la de Coislin, deja caer en efecto su ramo, que el rey corre á recoger, y luégo entabla con la dama un coloquio al parecer muy tierno.)
Gordes (á Triboulet).—¿No lo dije?
Triboulet.—¡Magnífico!