Cossé.—¿Un empleo de perro de asador?

Gordes.—¿Un alma por ventura?

Pienne.—Apuesto ciento contra diez á que no lo adivináis. Triboulet el bufón, Triboulet el deforme, Triboulet... ¡á ver quién acierta!... algo exorbitante es...

Marot.—Su joroba.

Pienne.—No. Apuesto mil contra diez. Está amancebado.

(Todos se echan á reir.)

Marot.—¡Qué chistoso está el duque!

Pardaillan.—¡Vaya un cuento!

Pienne.—Señores, lo juro por mi honor; he de enseñaros la casa de la dama. Todas las noches va allá, arrebujado en negra capa, con aspecto sombrío y altivo como un poeta en ayunas. Rondando no lejos del palacio de Cossé, he descubierto el secreto y suplico que lo guardéis, que quiero darle un chasco.

Marot.—¡Asunto de rondó! ¡Triboulet transformado por la noche en Cupido!