Pardaillan (riendo).—¡Una mujer para Triboulet!

Marot (riendo).—Yo creo que, si algún otro Bedfort desembarcara en Calais, tendría la doncella todo lo que es menester para echar á los ingleses.

(Ríen. Viene Mr. de Vic. Mr. de Pienne se pone el dedo en los labios con ademán de reserva.)

Pardaillan (á Pienne).—¿Por qué el rey sale también todos los días al oscurecer y solo, como buscando aventuras?

Pienne.—Vic nos dirá eso.

Vic.—Lo que puedo afirmar desde luego, es que el rey se divierte mucho.

Cossé.—¡Ah! ¡No me habléis de eso!

Vic.—Pero ¿qué me importa á mí de qué lado empuja el viento sus caprichos, y si sale de noche disfrazado, ó si entra ó no por alguna ventana?

Cossé (moviendo la cabeza).—Los viejos cortesanos, señores, saben que un rey toma siempre en casa agena cuanto le place. ¡Ay del que tiene hermana, esposa ó hija que le agrade! Un poderoso de buen humor no piensa más que en hacer daño. Motivos hay para temer. Boca que se ríe, enseña los dientes.

Vic (bajo á los otros).—¡Qué miedo le tiene al rey!