El Rey.—Fácil es decirlo, pero no hacerlo.
Triboulet.—Robémosla esta misma noche.
El Rey.—¿Y el conde? (Indicando á Mr. Cossé.)
Triboulet.—Á la Bastilla.
El Rey.—¡Oh! no.
Triboulet.—Pues para arreglar vuestras cuentas, hacedlo duque.
El Rey.—Es celoso como un plebeyo, y negándose á todo se lamentaría á voz en grito.
Triboulet (pensativo).—¡Qué hombre tan embarazoso!... No hay más que pagarle ó desterrarlo. (Mr. de Cossé que se ha acercado por detrás escucha la conversación. Triboulet se da una palmada en la frente y dice con alegría:) Hay un medio sencillo, cómodo, facilísimo en que debiera ya haber pensado.
El Rey.—¿Qué hemos de hacer con Cossé?
Triboulet.—Pues... cortarle la cabeza. (El interesado retrocede con espanto.) ¡Fingimos una conspiración con España ó Roma!...