Cossé.—¡Ah! ¡Satanás!

El Rey (riendo y halagando á Cossé).—¡Por mi fe de caballero! ¿Qué has dicho? ¡Cortar esta cabeza! Mírala bien y dime de qué nacen tus malos pensamientos.

Triboulet.—No son malos ni buenos los que nacen ahí.

Cossé.—¡Cortarme la cabeza!

Triboulet.—¡Y qué!... no hay para alarmarse tanto.

El Rey.—No le desesperes.

Triboulet.—¡Qué diablos! Para qué es ser rey si hay que tropezar á cada paso con algún obstáculo, sin satisfacer el menor capricho.

Cossé.—¡Cortarme la cabeza! Estoy consternado.

Triboulet.—Pero es muy sencillo. ¿Por qué no?

Cossé.—¿De veras? ¡Ah! Yo te castigaré, gran pícaro.