Triboulet (meneando la cabeza).—Sí, os exponéis á la horca.
El hombre (sonriendo).—No tanto, porque pagamos derechos á la policía.
Triboulet.—Á tanto por hombre ¿eh?
El hombre.—Pues... Á menos que... ¿qué os diré? que no mate uno... al mismo rey.
Triboulet.—¿Y cómo te las compones?
El hombre.—Caballero, yo mato en la ciudad ó en mi casa, como quieran.
Triboulet.—Tu procedimiento es muy urbano.
El hombre.—Para trabajar fuera de casa, tengo un estoque tan agudo como bien templado; acecho apostado á la víctima y...
Triboulet.—¿Y dentro de casa?
El hombre.—¡Oh! Allí tengo á mi hermana Magdalena, moza tan bella como osada y fuerte, que baila por calles y plazas con que atrae á casa al galán y...