El hombre.—Á no ser un mendigo, un holgazán, un miserable. Tengo cuatro hijos.

Triboulet.—Que debéis educar... Ea, Dios os bendiga.

(Despidiéndole.)

Pienne (á Gordes).—Todavía no ha oscurecido y temo que nos vea Triboulet.

(Salen.)

Triboulet.—Buenas tardes.

El hombre.—Siempre á vuestras órdenes.

(Retirándose.)

Triboulet (mirándole).—Mucho nos parecemos los dos: lengua acerada, espada puntiaguda. Yo soy el hombre que ríe; él el hombre que mata.

ESCENA II