Triboulet (Volviendo desde la puerta.)—Ahora que me acuerdo, ¿cuándo vais á la iglesia os sigue alguien?

(Blanca baja los ojos con embarazo.)

Berarda.—¡Jesús!... Nadie.

Triboulet.—Si os siguiera alguien alguna vez, gritad.

Berarda.—Sin duda; pediría socorro.

Triboulet.—Y si llaman á la puerta, no abráis jamás.

Berarda.—¿Aunque fuera el rey?

Triboulet.—Sobre todo, si es el rey.

(Abraza por última vez á su hija y sale cerrando tras sí la puerta.)

ESCENA IV