Los caballeros, luégo TRIBOULET, después BLANCA
(Blanca aparece en el terrazo por la puerta del primer piso con una luz en la mano.)
Blanca.—¡Gaucher Mahiet! nombre de mi amado, grábate en mi corazón.
Pienne.—Caballeros, es ella; la misma.
Pardaillan.—Veamos.
Gordes (con desdén).—Alguna beldad vulgar. Te compadezco, duque, si te contentas con mujeres de villanos.
(Vuélvese Blanca de modo que la pueden ver bien.)
Pienne.—¿Qué te parece, conde?
Marot.—No es fea la villana.
Gordes.—Es un hada, un ángel, una diosa.