Cossé.—Gozo ya viéndolo.

Gordes.—El desdichado, con su desesperación, sus crispados puños y sus dientes apretados, nos va á pagar en un día todas sus deudas atrasadas.

(Ábrese la puerta lateral y entra el rey en lujoso traje de mañana y en compañía de Pienne. Todos los cortesanos se descubren y abren paso. El rey y M. de Pienne ríen á carcajadas.)

El Rey (indicando la puerta del fondo).—¿Está allí la hermosa?

Pienne.—¡La manceba de Triboulet!

El Rey.—En verdad que soplarle la dama á mi bufón es cosa de risa.

Pienne.—¿Pero es su manceba ó su esposa?

El Rey (Aparte.)—¡Una mujer, una hija! No le suponía tan buen padre de familia.

Pienne.—¿Quiere verla Vuestra Majestad?

El Rey.—¡Pardiez!