El Rey.—Aún no me has repetido, ingrata, que me amas.
Blanca.—Todo se acabó.
El Rey.—Sin querer te he ofendido; perdóname. No te aflijas, Blanca mía. Oh, antes que arrancar lágrimas á tus bellos ojos quisiera morir y aun pasar en mi reino y señorío por un rey débil y sin honor.
Blanca.—¿No es verdad que todo esto es un juego? Si vos sois el rey, yo tengo á mi padre. Mandad que me lleven á su lado. Vivimos junto al palacio Cossé. Pero harto lo sabéis. ¡Oh! ¿Quién sois? No comprendo nada de esto. ¿Cómo me han traído con la gritería de un festejo? Todo esto se ha confundido en mi cabeza como un sueño. Ni siquiera sé ya si os amo. (Retrocediendo con terror.) ¡Ah! ¡El rey! ¡Piedad! Tengo miedo de vos.
El Rey (queriendo tomarla en brazos).—¡Miedo de mí, ingrata!
Blanca (rechazándole).—¡Dejadme! ¡Dejadme!
El Rey (estrechándola más).—Un beso de perdón.
Blanca.—¡No! ¡No!
El Rey.—¡Qué extraña niña!
Blanca (desasiéndose).—¡Dejadme! ¡Dejadme! Esta puerta...