Magdalena.—¡Si soy fea!
El Rey.—¡Pardiez! No digas eso; haz más justicia á tus divinos encantos. ¡Ardo como un volcán! ¿Ignoras, reina de las desdeñosas, cómo el amor nos abrasa á nosotros, los militares, y si nos aceptan por suyos las bellas, somos vivo fuego hasta con las suecas?
Magdalena (riendo).—Eso lo habéis leído en algún libro.
El Rey (aparte).—Es muy posible. (Alto.) Ea, déjate querer.
Magdalena.—¿Estáis ebrio?
El Rey.—Sí, pero de amor.
Magdalena.—Bonitamente os estáis burlando de mí.
El Rey.—¡Oh! no.
Magdalena.—Basta, basta.
El Rey.—Si he de casarme contigo...