Saltabadil.—Descuidad; no tardará una hora en llover. La tempestad, el vino y el amor lo retendrán en casa, á buen seguro.
Triboulet.—Á media noche volveré.
Saltabadil.—No os toméis esa molestia; me basto y me sobro para echar al Sena un cadáver.
Triboulet.—No, no; quiero echarlo yo mismo.
Saltabadil.—¡Como queráis! Os lo entregaré bien cosido en un saco.
Triboulet (dándole ahora el dinero).—Muy bien. Luégo os daré el resto. Hasta la vista.
Saltabadil.—Todo irá á pedir de boca. ¿Cómo se llama el galán?
Triboulet.—¿Quieres saber su nombre?
Saltabadil.—Si no hay inconveniente.
Triboulet.—Ninguno; te diré el mío también. Se llama el Crimen, y yo el Castigo.