Magdalena.—¡Es un buen mozo el militar!
Saltabadil.—No me disgusta á mí tampoco: me hace ganar veinte escudos...
Magdalena.—¿Cuánto?
Saltabadil.—Veinte escudos.
Magdalena.—Valía mucho más.
Saltabadil.—¡Muñeca!... Vé, vé allá á ver si duerme y bájate de camino su espada.
(Obedece Magdalena. La tempestad arrecia. Aparece en el fondo Blanca vestida de hombre en traje negro de montar, y avanza hacia la casa, mientras Saltabadil bebe y Magdalena contempla al rey dormido.)
Magdalena (con pesar).—¡Qué lástima! ¡Qué confiado duerme! (Toma su espada.) ¡Pobre mozo!
ESCENA V
EL REY dormido arriba; SALTABADIL y MAGDALENA departiendo en la planta baja; BLANCA observando, afuera