Magdalena.—¿Sabes en qué estoy pensando?
Saltabadil.—No.
Magdalena.—Á ver si lo aciertas.
Saltabadil.—No estoy ahora para acertijos.
Magdalena.—Pues oye. Ese mozo es un buen mozo, galante y bien hablado, aunque audaz y... la verdad, me ama con todas las ansias de su gran corazón. Y confiando en nuestra hospitalidad, duerme como un bendito. No le matemos, hermano.
Blanca.—¡Cielos!
Saltabadil (sacando de un baúl un saco de lona y dándoselo á su hermana).—Recose cuanto antes este saco.
Magdalena.—¿Para qué?
Saltabadil.—Para meter un cadáver y echarlo al río.
Magdalena.—Pero...