Magdalena.—Puedes matar al jorobado, cuando vuelva á traerte los diez escudos restantes y te hace la misma cuenta.
Blanca.—¡Padre mío!
Magdalena.—¿No te parece?
Saltabadil.—¿Por quién me tomas tú, hermana? ¿Soy yo algún bandido? ¿Soy algún ladrón? ¡Matar á un cliente que me paga!
Magdalena (indicándole un hacecillo).—Pues bien, mete en el saco ese haz de leña, que en la oscuridad pasará por su víctima.
Saltabadil.—¡Qué disparate! ¿Cómo quieres que se tome el hacecillo por un muerto?
Blanca.—¡Qué frío!
Magdalena.—Te pido gracia por él.
Saltabadil.—Déjate de cosas...
Magdalena.—Buen hermano mío...