Herman.—¡Bah!
Cinulfo.—Diríase que en otro tiempo corrió por allí la sangre.
Kunz.—La verdad es que nadie podría entrar allí: el secreto de su entrada se ha perdido; lo único que se ve es la ventana.
Swan.—Pues por la noche suelo ir al ángulo de la roca, y allí oigo siempre pasos.
Kunz.—¿Estás seguro de ello?
Swan.—Segurísimo.
Teudon.—Variemos de conversación: lo más prudente es callar.
Haquin.—Este burgo está envuelto en negro misterio.
Teudon.—Hablemos de otra cosa. Lo que ha de suceder sólo Dios lo sabe. (Vuélvese á un grupo que no ha tomado parte en esta conversación, aunque presta atento oído á lo que más allá dice un estudiante.) Carlos, acaba de contarnos tu historia.
(Viene Carlos al proscenio; todos los grupos le rodean y le prestan atención.)