Capitán.—Además, los mercaderes de Linz, cuyo miedo es grande, os piden cuartel.
Hatto.—Saqueadlos. Es país conquistado.
Capitán.—¿Y los de Rhens?
Hatto.—Saqueadlos también.
(Sale el capitán.)
Darío (á Hatto).—Tu vino es excelente, marqués.
(Bebe.)
Hatto.—¡Pardiez! Es de escarlata. La ciudad de Bingen, que me teme y lisonjea, me envía todos los años dos toneles.
Gerardo.—Pero es mejor tu novia Regina.
Hatto.—¡Oh! Cada cual se contenta con lo que tiene.