Fabiani.—Sí; pero nadie tiene esos papeles.
El hombre.—Os engañáis.
Fabiani.—¿Quién?
El hombre.—Yo.
Fabiani.—¡Bah, un miserable como tú! No es cierto; judío que habla, hombre que miente.
El hombre.—Tengo esos papeles.
Fabiani.—¡Mientes! ¿Dónde están?
El hombre.—En mi bolsillo.
Fabiani.—No lo creo. ¿Están en regla? ¿No falta nada?
El hombre.—Nada.