Fabiani.—Si es así, los necesito.
El hombre.—Poco á poco.
Fabiani.—¡Judío, dame esos papeles!
El hombre.—¡Muy bien!... ¡Judío dices! Y tú, miserable mendigo, dame la ciudad de Shrewsbury, dame la de Wexford, y también el Condado de Waterford... Un poco de caridad, si os place.
Fabiani.—Esos papeles son todo para mí, y nada valen para ti.
El hombre.—Simón Renard y lord Chandos me los pagarían á buen precio.
Fabiani.—Simón Renard y lord Chandos son dos perros entre los cuales mandaré que te ahorquen.
El hombre.—Si no tenéis otra cosa que proponerme, adiós.
Fabiani.—¡Aquí, judío! ¿Qué quieres por esos papeles?
El hombre.—Una cosa que tienes encima.