Gilberto.—¿Cómo á vuestra casa?
Fabiani.—Sí.
Gilberto.—¿Quién de los dos es el que sueña? Antes me dijisteis que el asesino del judío era yo, y ahora me aseguráis que esa es vuestra casa.
Fabiani.—Ó la de mi querida, que es lo mismo.
Gilberto.—Repetidme lo que acabáis de decir.
Fabiani.—Digo, ya que os empeñáis en saberlo, que esa casa es la de una hermosa joven, que es mi querida.
Gilberto.—¡Yo digo, milord, que mientes! ¡Digo que eres un falsario y un asesino; que tu madre fué azotada por el verdugo en una plaza pública; y que voy á sujetar tu cabeza entre mis manos y á oprimirla hasta que te cortes la lengua con tus propios dientes!
Fabiani.—¡Hola! ¿Quién es este diablo de hombre?
Gilberto.—Soy Gilberto el cincelador, y Juana es mi prometida.
Fabiani.—Pues yo soy el caballero Amyas Pawlett, el querido de Juana.