(Apenas desaparece, la Reina corre presurosa hacia una puertecilla oculta en la pared, ábrela é introduce á Simón Renard.)

ESCENA II

LA REINA, SIMÓN RENARD

La Reina.—Entrad, caballero. Y bien ¿estabais ahí? ¿Lo habéis oído todo?

Simón Renard.—Sí, señora.

La Reina.—¿Y qué os parece? ¡Oh! es el más redomado y el más falso de los hombres. ¿Qué opináis?

Simón Renard.—No en vano termina en i el apellido de ese hombre.

La Reina.—¿Estáis seguro que va por la noche á casa de esa mujer? ¿le habéis visto?

Simón Renard.—No sólo yo, sino también Chandos, Clinton, Montagu, y otros diez testigos.

La Reina.—¡Eso es verdaderamente una infamia!