Gilberto.—Como Vuestra Majestad ordene.
Juana.—¡Oh Dios mío!
La Reina.—¿Lo juras?
Gilberto.—Lo juro.
La Reina.—Entonces, se podrá arreglar el asunto. Esto basta; tengo tu palabra y tienes la mía. Está dicho. (Parece reflexionar un momento. Á Juana.) No sois necesaria aquí; salid; ya os llamaré.
Juana.—¡Oh Gilberto! ¿Qué habéis hecho? Soy una miserable, y no me atrevo á miraros; mientras que vos sois un ángel, pues tenéis á la vez las virtudes de éste y las pasiones de un hombre.
(Sale.)
ESCENA V
LA REINA, GILBERTO; después SIMÓN RENARD, LORD CHANDOS y los guardias
La Reina (á Gilberto).—¿Llevas algún arma, un puñal, un cuchillo ó cualquiera cosa?