Simón Renard.—Se halla en la cámara pintada, esperando que Vuestra Majestad se digne recibirle.
La Reina.—¿No sospecha nada?
Simón Renard.—Nada.
La Reina (á lord Chandos).—Que éntre.
Simón Renard.—También está ahí toda la corte. ¿No ha de entrar nadie con lord Clanbrassil?
La Reina.—¿Cuál de nuestros señores y caballeros es el que más odia á Fabiani?
Simón Renard.—Todos.
La Reina.—Quiero decir los que le odian más.
Simón Renard.—Clinton, Montagu, Somerset, el conde de Derby, Gerard Fitz-Gerard, lord Paget y el lord Canciller.
La Reina (á lord Chandos).—Introducid á todos esos señores, excepto al lord Canciller. (Chandos sale.—Dirigiéndose á Simón Renard:) El digno obispo canciller es tan enemigo de Fabiani como los otros; pero tiene escrúpulos. (Fijando la vista en los papeles que Gilberto ha dejado sobre la mesa.) ¡Ah! bueno será examinar rápidamente esos papeles.