(Mientras se ocupa en este examen, ábrese la puerta del fondo y entran los señores designados por la reina, haciendo profundas reverencias.)

ESCENA VI

Los mismos, LORD CLINTON y los demás señores

La Reina.—Dios os guarde, señores. (Á lord Montagu.) Antonino Brown, no olvido nunca que hicisteis frente con valor á Juan de Montmorency y al señor de Tolosa en mis negociaciones con el emperador mi tío.—Lord Paget, hoy recibiréis vuestros títulos de barón de Beaudesert en Stafford.—¡He aquí á nuestro antiguo amigo, lord Clinton! Somos siempre vuestra buena amiga, milord; ya recuerdo que vos sois quien exterminó á Tomas Wyat en la llanura de San Jaime. Es preciso tener á todos presentes. Aquel día, la corona de Inglaterra fué salvada por un puente que permitió á mis tropas llegar hasta los revoltosos, y por un muro que impidió á éstos acercarse á mí. El puente es el de Londres; el muro es lord Clinton.

Lord Clinton (en voz baja á Simón Renard).—Hacía seis meses que la reina no me hablaba. ¡Qué amable está hoy!

Simón Renard (en voz baja á lord Clinton).—Paciencia, milord; aún os parecerá más amable después.

La Reina (á lord Chandos).—El conde de Clanbrassil puede entrar. (Á Simón Renard.) Cuando haya estado aquí algunos minutos...

(Le habla al oído, señalándole la puerta por donde Juana ha salido.)

Simón Renard.—¡Basta, señora!

(Entra Fabiani.)