La Reina.—Sois injusto; desde que os separasteis de mí sólo me he ocupado de vos.
Fabiani.—¿De veras he tenido esa dicha? Repetídmelo.
La Reina (siempre risueña).—Os lo juro.
Fabiani.—¿Me amáis, pues, como yo os amo?
La Reina.—Sí, milord, os aseguro que sólo he pensado en vos, tanto que os preparo una sorpresa muy agradable.
Fabiani.—¡Cómo! ¿Qué sorpresa?
La Reina.—Un encuentro que os agradará.
Fabiani.—¿Con quién?
La Reina.—Adivinadlo... ¿No lo adivináis?
Fabiani.—No, señora.