La Reina.—Pues volved la cabeza.
(Al obedecer ve á Juana en el umbral de la puertecilla entreabierta.)
Fabiani (aparte).—¡Juana!
Juana (aparte).—¡Es él!
La Reina (sonriendo).—Milord, ¿conocéis á esa joven?
Fabiani.—No, señora.
La Reina.—Joven ¿conocéis á milord?
Juana.—La verdad antes que la vida. Sí, señora.
La Reina.—¿Conque no conocéis á esa mujer, milord?
Fabiani.—¡Señora! quieren perderme. Estoy rodeado de enemigos. Esa mujer se ha unido con ellos sin duda; yo no la conozco ni sé quién es.