Juana.—¿De quién?
Joshua.—De otro condenado á muerte, de uno que sin duda no conocéis. Es un obrero llamado Gilberto.
Juana.—¡Abrid esa puerta!
Joshua (después de abrir la puerta).—¡Gilberto!
ESCENA VII
JUANA, GILBERTO, JOSHUA
Gilberto (en el interior del calabozo).—¿Qué me quieren? (Aparece en el umbral, ve á Juana, y apóyase vacilante contra la pared.) ¡Juana!... ¡Juana Talbot!
Juana (de rodillas, sin levantar la vista).—¡Gilberto, vengo á salvaros!
Gilberto.—¡Á salvarme!
Juana.—Escuchad: compadeceos de mí, y no me agobiéis con vuestras quejas, pues sé todo lo que vais á decirme. Es preciso que yo os salve; todo está preparado, y la evasión es segura; dejadme hacer á mí lo que permitiríais á otra; sólo os pido esto; después, sea yo desconocida para vos; ya no sabréis quién soy; no me perdonéis; pero dejadme salvaros.