Gilberto.—¡Gracias! es inútil. ¿Para qué quiero salvar mi vida, Juana, si ya no me amáis?
Juana (con alegría).—¡Oh, Gilberto! ¿Os dignáis aún ocuparos de lo que siente el corazón de la pobre muchacha? ¿Es posible que el amor que pueda profesar á otro os interese hasta el punto de pareceros que vale la pena informaros sobre él? Yo creía que ya os era igual, y que me despreciabais demasiado para cuidaros de mí. ¿Si supiérais, Gilberto, qué impresión me producen las palabras que acabáis de dirigirme? ¡Es un rayo de sol inesperado en una noche oscura! Escuchad: si yo me atreviese aún á acercarme á vos, á tocar vuestra ropa, á estrecharos la mano; si osase levantar la vista para miraros, como en otro tiempo, ¿sabéis lo que os diría, prosternada, llorando á vuestros pies, con sollozos en la boca y la alegría en el corazón? Os diría: ¡Gilberto, yo te amo!
Gilberto (estrechándola entre sus brazos con arrebato).—¡Tú me amas!
Juana.—¡Sí, te amo!
Gilberto.—¡Tú me amas! ¡Dios mío, será verdad! ¿Es ella la que me lo dice, es su boca la que habla?
Juana.—¡Gilberto mío!
Gilberto.—¿Dices que lo has preparado todo para mi evasión? ¡Pronto, pronto, la vida! ¡Quiero vivir, porque Juana me ama! Parece que esa bóveda se apoya en mi cabeza y me aplasta. ¡Necesito aire... aquí me muero; huyamos pronto, Juana! ¡Quiero vivir, porque soy amado!
Juana.—Aún no; es preciso tener un barco, y para ello se ha de esperar la noche; pero puedes estar tranquilo, porque te salvarás. Antes de una hora saldremos de aquí; la reina no volverá por lo pronto, y entre tanto yo soy quien manda. Más tarde te explicaré esto.
Gilberto.—¡Una hora de espera! ¡Qué larga me parecerá! Ya ansío recobrar la vida y la dicha. ¡Juana, Juana, yo viviré y tú me amarás; reiré y cantaré; detenme para que no cometa alguna locura!
Juana.—¡Sí, te amo, Gilberto, y esto es tan verdad como si te lo dijera en mi lecho de muerte; jamás amé sino á ti, ni aun cuando te faltaba, pues entonces te quería en el fondo de mi corazón! ¡Apenas caída en brazos del demonio que me ha perdido, he llorado á mi ángel!