Gilberto (cayendo á sus pies).—¡Eres un ángel; eres mi esposa!

Juana.—¡Tu esposa! ¿Perdonas solo como Dios, purificando? ¡Ah! ¡bendito seas, Gilberto, por ceñirme con esa corona la frente!

(Gilberto se levanta y la estrecha en sus brazos; mientras que se hallan en esta actitud, Joshua coge de la mano á Juana.)

Joshua.—Es Joshua, señora Juana.

Gilberto.—¡Mi buen Joshua!

Joshua.—Antes no me habíais reconocido.

Juana.—¡Ah! es que debí haber comenzado por él.

(Joshua le besa la mano.)

Gilberto (estrechándole en sus brazos).—¡Qué felicidad! ¿Puede ser cierta tanta dicha?

(Desde hace algunos instantes se oye fuera un ruido lejano, gritos confusos y tumulto: el día comienza á declinar.)