Juana.—¿Qué dice?... ¡Ah! la Providencia está por nosotros. ¡Todo el mundo quiere salvar á Gilberto!

Joshua.—No, señorita Juana, todo el mundo quiere perder á Fabiani.

(Durante esta escena redoblan fuera los gritos.)

Juana.—¡Apresurémonos, Gilberto! ¡Pronto, pronto!

Joshua.—Dejadle salir solo.

Juana.—¡Abandonarle!

Joshua.—Sólo por un instante: no debe ir una mujer en la barca si queréis que llegue á buen puerto, porque aún es de día y vais vestida de blanco. Una vez pasado el peligro, volveréis á veros. Venid conmigo por aquí, y dejadle salir por allá.

Juana.—Joshua tiene razón. ¿Dónde te encontraré, Gilberto?

Gilberto.—Debajo del primer arco del puente de Londres.

Juana.—¡Bien; véte pronto; el ruido redobla, y quisiera que ya estuvieses lejos!