Simón Renard.—¿Qué dispone la reina?

La Reina (agobiada).—Lo que vos queráis; haced lo que os plazca. ¡Sois un asesino! (Aparte.) ¡Oh Fabiani!

Simón Renard.—¡Heraldos, á mí! Maese Eneas, abrid el balcón grande de la galería.

(El balcón del fondo se abre; Simón Renard se asoma, con un heraldo á la izquierda y otro á la derecha; se oye inmenso rumor.)

El pueblo.—¡Fabiani, Fabiani!

Simón Renard (en el balcón, de cara al pueblo).—¡En nombre de la Reina!

Los heraldos.—¡En nombre de la Reina!

(Profundo silencio fuera.)

Simón Renard.—¡Plebeyos, escuchad la voluntad de la Reina! Hoy, esta misma noche, una hora después de la queda, Fabiano Fabiani, conde de Clanbrassil, cubierto con un velo negro desde la cabeza á los pies, amordazado con mordaza de hierro, con un hacha de cera amarilla de tres libras de peso en la mano, será conducido desde la Torre de Londres, por Charing-Cross, al Mercado Viejo de la Cité, para ser decapitado públicamente, en castigo de sus crímenes de alta traición, y por su conato de regicidio en la sagrada persona de Su Majestad.

(Óyense fuera ruidosos aplausos.)