Simón Renard.—¡Plebeyos, escuchad la voluntad de la Reina!
El pueblo.—¡Viva la Reina! ¡Muera Fabiani!
Simón Renard (continuando).—Y para que nadie lo ignore en esta ciudad, oíd lo que la Reina ordena: durante todo el trayecto que el condenado debe recorrer desde la Torre de Londres al lugar de la ejecución, se hará tocar la gran campana de la Torre, disparándose tres cañonazos, el primero cuando el reo suba al cadalso, el segundo cuando se arrodille sobre el paño negro, y el tercero cuando caiga su cabeza.
(Aplausos.)
El pueblo.—¡Luces, luces!
Simón Renard.—Esta noche, la Torre y la Cité de Londres se iluminarán con hogueras y hachas en señal de regocijo. He dicho. (Aplausos.) ¡Dios guarde la antigua Carta de Inglaterra!
Los dos heraldos.—¡Dios guarde la antigua Carta de Inglaterra!
El pueblo.—¡Muera Fabiani! ¡Viva María! ¡Viva la Reina!
(Ciérrase el balcón; Simón Renard se acerca á la Reina.)