Juana.—¡Con tal que Gilberto haya conseguido evadirse! ¿Le crees salvado, Joshua?
Joshua.—Estoy seguro de ello.
Juana.—¿Bien seguro?
Joshua.—La Torre no estaba guardada por la parte del río, y además, cuando debió salir, el motín no era lo que fué después. ¿Sabéis que es imponente?
Juana.—¿Estáis seguro de que se habrá salvado?
Joshua.—Ahora os espera seguramente en el primer arco del puente de Londres, donde os reuniréis con él á media noche.
Juana.—¡Dios mío! ¡qué inquieto estará! (Divisando la sombra de la Reina.) ¡Cielos! ¿Qué es eso, Joshua?
Joshua (en voz baja, cogiéndole la mano).—¡Silencio!... Es la leona que acecha.
(Mientras que Juana contempla aquella silueta negra con terror, óyese una voz lejana que parece proceder de arriba, y la cual pronuncia distintamente estas palabras:)
Voz.—El que me sigue, cubierto con un velo negro, es el muy alto y poderoso señor Fabiano Fabiani, conde de Clanbrassil, barón de Dinasmonddy, barón de Darmouth en Devonshire, que será decapitado en el mercado de Londres por crimen de regicidio y de alta traición. ¡Dios tenga misericordia de su alma!