Otra voz.—¡Rogad por él!
Juana (temblando).—¡Joshua! ¿Oís?
Joshua.—Sí; yo oigo esas cosas todos los días.
(En lo alto de la escalera aparece un cortejo fúnebre que se desarrolla lentamente á medida que baja. Á la cabeza va un hombre vestido de negro, que lleva una bandera blanca con cruz negra; sigue maese Eneas Dulverton, revestido de manto negro, con su bastón de condestable en la mano; un grupo de soldados con partesanas y traje rojo, y el verdugo con su hacha al hombro y el filo vuelto hacia el que va detrás, que es un hombre cubierto completamente con un gran velo negro, cuyas puntas se arrastran bajo sus pies. De este hombre no se ve sino un brazo que pasa por una abertura del velo, empuñando la mano un blandón de cera amarilla. Á su lado va un sacerdote, y detrás otro grupo de soldados con partesanas, un hombre vestido de blanco, que lleva bandera negra con cruz blanca; y á derecha é izquierda dos filas de alabarderos, alumbrando con hachas.)
Juana.—¡Joshua! ¿No veis?
Joshua.—Todos los días veo esas cosas.
(En el momento de desembocar en el escenario, el cortejo se detiene.)
Juana.—¡Joshua! ¿No veis?
Maese Eneas.—El que va detrás de mí, cubierto con un velo negro, es el muy alto y muy poderoso señor Fabiano Fabiani, conde de Clanbrassil, barón de Dinasmonddy, barón de Darmouth, en Devonshire, que será decapitado en el mercado de Londres, por crimen de regicidio y alta traición. ¡Dios tenga misericordia de su alma!