Flor de Lis.—No juréis. Ya sabéis mi opinión respecto al asunto.

Eloísa.—¡Vaya, niños! Nada de cuestiones. Hoy todo el mundo debe estar alegre.

Ven, hija mía; es preciso que hagamos los honores de la casa. Cada cosa á su tiempo. (Á los criados.) Encended las luces y que se disponga todo para el baile. Quiero que por doquiera resplandezca la claridad, y que los convidados crean hallarse en pleno día.

Febo.—Estando Flor de Lis aquí, no puede faltar nada para el esplendor de la fiesta.

Flor de Lis.—Sí, Febo; falta el amor.

(Vanse las dos mujeres.)

Febo (mirando cómo se aleja Flor de Lis).—Á decir verdad, aun estando á su lado no puedo hallarme satisfecho, porque la mujer á quien amo, y en la cual pienso todo el día, no está aquí.

ARIA

Sólo á ti pertenece mi corazón, niña encantadora, hermosa sombra que llenas mi vida con tu recuerdo y que, ausente siempre, te apareces á todas horas.

Como un nido destaca entre el ramaje, como una flor entre las malezas, como un bien entre los males, así destaca y brilla mi amada entre las demás mujeres. Humilde y altiva á un tiempo, pero altiva sólo para guardar su pureza, en medio de la libertad en que vive, sabe encubrir la voluptuosidad de su mirada con un casto velo de pudor.