Febo.—Parece que yo estoy loco también. Cuando se ama, ¿qué importa que la persona amada sea mora, judía ó gitana? Dejadme en paz; ella está esperándome. Puede que tengáis razón; pero cuando la muerte es tan hermosa como ella, debe ser muy dulce morir.
Claudio Frollo (deteniéndole).—Detente... Piensa que es una gitana. ¿Estás loco hasta el punto de correr tú mismo á tu perdición?... Desconfía de la mujer infiel que te espera en la sombra. ¡Ah!... ¿No me haces caso? Pues bien, corre á la muerte.
(Febo sale con rapidez á pesar de los esfuerzos de Claudio Frollo. Éste permanece un momento como indeciso y luego sigue al capitán.)
ESCENA III
Sala. En el fondo una ventana que da al río.
Entra CLOPIN TROUILLEFOU con una antorcha en la mano y seguido de varios hombres á quienes, luego de haberles hecho una señal de inteligencia, conduce hacia un sitio oscuro, por donde desaparecen. Entonces Clopin vuelve hacia la puerta y parece indicar á alguien que suba. Preséntase CLAUDIO FROLLO.
Clopin (á Claudio).—Desde aquí podréis observar á la gitana y al capitán, sin ser visto de ellos.
(Le muestra un hueco del muro oculto por un tapiz.)
Claudio Frollo.—¿Están ya en su sitio esos hombres?
Clopin.—Sí.