Claudio Frollo.—El fuego que me consume es mi tormento... Á pesar mío, admiro la belleza y el amoroso delirio de ambos.

Febo.—Seamos felices; deja que despierte en tu alma el amor, mientras el pudor duerme. Tu boca es un cielo: deja que mi alma éntre en él. ¡Quisiera exhalar el último suspiro en un beso!

La Esmeralda.—Tu voz resuena dulcemente en mis oídos; tu sonrisa es hechicera y embriagadora; el brillo de tus ojos me enloquece; tus deseos son mi suprema ley; pero comprendo que debo resistirme á ellos, pues mi virtud y mi felicidad morirían en ese beso.

Claudio Frollo.—Pasos de muerte, no lleguéis á sus oídos. Mi celoso odio vela sobre su amor que se adormece. La pálida y descarnada Parca va á interponerse entre ambos. Febo, en ese beso vas á exhalar tu último aliento.

(Claudio Frollo sale de su escondite, se arroja sobre Febo, le clava un puñal y, saltando por la ventana del fondo, desaparece. La Esmeralda da un grito y se echa sobre el cuerpo de Febo. Entran en tumulto los hombres que estaban escondidos y se apoderan de la gitana, á quien parecen acusar. Cae el telón.)

ACTO IV


Calabozo con puerta en el fondo