Claudio Frollo.—Sí. Tal vez conseguiré ablandar su corazón. Confúndete entre el gentío, y si logro mi objeto acudirás con los tuyos apenas haga la señal.
Clopin.—Está bien, señor.
Claudio Frollo.—Permaneced siempre reunidos.
Clopin.—Así se hará.
Claudio Frollo.—Llevad ocultas vuestras armas á fin de no excitar sospechas.
Clopin.—Seréis obedecido.
Claudio Frollo.—Pero si esa mujer comete la locura de no escuchar mi voz, llévesela el diablo. Mas no, creo que no será así, y cuento contigo para que me ayudes á realizar mi última esperanza.
Clopin.—No temáis, contad conmigo, y no dudo que se conseguirá el objeto.
(Salen ambos con precaución. El pueblo comienza á llenar la plaza.)