El pueblo.—¡Viva hoy; muerta mañana! ¡Dulce Jesús, recibidla en vuestro seno!
La Esmeralda.—Mi Febo me llama á la morada eterna, donde Dios nos cobijará bajo sus alas. ¡Bendito sea mi cruel destino, pues en medio de tanta desdicha, mi corazón quebrantado abriga todavía una esperanza! ¡Voy á morir para la tierra, pero renaceré en el cielo!
Claudio Frollo.—¡Morir tan joven y hermosa! ¡Ay de mí! el sacerdote impuro está más condenado que ella, porque mi suplicio será eterno. ¡Pobre niña infeliz, cogida entre mis garras, vas á morir para el mundo; mas yo he muerto para el cielo!
El pueblo.—¡Es una infiel! El cielo que á todos llama, no la abrirá sus puertas, y su suplicio será eterno. La parca inexorable la estrecha entre sus brazos; ha muerto ya para el mundo, y para el cielo también.
Coro.—¡Venid, corred todos á Nuestra Señora...!
(La procesión se aproxima; Claudio se acerca á la Esmeralda.)
La Esmeralda (sobrecogida de terror).—¡El sacerdote!
Claudio Frollo (en voz baja).—¡Sí, soy yo, que amo y te suplico! ¡Dí una sola palabra, y aún podré salvarte! ¡Dime que me amas!
La Esmeralda.—¡Te aborrezco! ¡Véte!